Los migrantes ‘son mexicanos de segunda’; testimonio de vida
Cuando un migrante se atreve a contar su testimonio, se despoja de toda máscara, e inevitablemente remueve los crudos recuerdos de su transitar hacía un país que no es el suyo; las lágrimas hacen presencia como carta de presentación del dolor que sintió al dejar a su familia.
Carlos Sifuentes, invadido por la nostalgia, apenas puede pronunciar una frase, comienza a narrar frente a un grupo de personas: “cuando decidí emigrar…” pero el llanto lo paraliza. Una vez repuesto, continúa su remembranza.
“Llegué a California sin dinero y buscando comida, encontré un taller mecánico en dónde nos dejaron limpiar a cambio de algo de alimento.”
Ahí les dieron hospedaje la primera noche y al siguiente día, antes del partir, el dueño les hizo una propuesta. Él los dejaría quedarse (a don Carlos y dos de sus amigos) en un coche, el problema era que al irse el dueño del taller, se soltaba a los perros y ellos no podrían salir del auto, así lo hicieron durante 15 días.
Cuando recuera esta anécdota, don Carlos dice: “sufrir es parte de enriquecer tu vida”.
Luego en la búsqueda de un familiar que ha tenido éxito en los Estados Unidos, encontró a su tío, quien en lugar de recibirlo con un abrazo, le azotó tremenda regañada porque se fue de su casa, aunque después le ayudó a conseguir trabajo como ayudante de pintor.
Afortunadamente, el patrón era una persona gentil, de él pudo aprender inglés y poco a poco se convirtió en pintor profesional de autos, logrando mandar a su familia los dólares que ganaba; lo malo, dice, es que acá el gobierno los convierte en “mexdólares”.
“Uno siempre tiene la ilusión de venir a visitar a su familia”, asiente don Carlos, luego, orgulloso de su procedencia, detalla que él es de origen campesino y que uno de sus grandes sueños era ayudar a sus padres tecnificando el campo, pues ni siquiera es rentable, señala. Pero eso todavía tendría que esperar.
Fue hasta 1980 que la ley les otorgó la posibilidad de ser residentes y el panorama cambió un poco, pudo venir a visitar a su gente.
Sin embargo, otra gran decepción estaba por venir, “el migrante es mexicano de segunda”, asegura, porque los políticos los toman como bandera, sus hijos no pueden entrar a la escuela y aunque “la Constitución dice que nuestros hijos son mexicanos, en la práctica es otra cosa”, lamenta Carlos.
“La cosa se pone peor al querer abrir un negocio, porque ni siquiera tenemos papeles que nos acrediten como ciudadano de México. Zacatecas, un gobierno binacional… Se oye muy bonito, pero la realidad es otra”, recalcá.
A pesar de la situación, las adversidades no han roto del todo sus ilusiones y al cabo de seis mese logró fundar una empresa en México que ahora genera 260 empleos, pese a las “trabas e incongruencias” de las autoridades mexicanas.
Ahora don Carlos, originario de Villa de Cos, a sus 52 años, también es presidente de la Federación de Clubes Zacatecanos de la Costa Oeste, en Estados Unidos; y sigue dando testimonio de la persistencia de un migrante que ni es de aquí, ni es de allá, sino ciudadano del mundo.
Sánchez, Fatima. (2011). Los migrantes ‘son mexicanos de segunda’; testimonio de vida. 14/03/18, de NTR Sitio web: http://ntrzacatecas.com/2011/10/14/los-migrantes-%E2%80%98son-mexicanos-de-segunda%E2%80%99-testimonio-de-vida/
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